Se dice mucho que emprender es un camino solitario. Que uno carga solo con las noches sin dormir, con los números que no cuadran y con esa idea que nadie más ve todavía. Pero si tienes pareja, eso no es del todo cierto. Hay alguien que camina contigo, aunque no siempre lo veas.
Tu pareja también emprende, aunque no firme nada
Tu pareja no está en las reuniones con clientes ni en las planillas, pero vive cada una de tus apuestas. Siente la incertidumbre cuando el mes viene flaco. Escucha tus dudas a las dos de la mañana. Celebra contigo una venta pequeña como si fuera un gran logro, y a veces se guarda sus propias preocupaciones para no sumarte peso.
Muchas veces nuestras parejas sufren tanto como nosotros en este camino, solo que en silencio. Ponen paciencia cuando llegamos tarde, comprensión cuando la cabeza sigue en el trabajo durante la cena y fe cuando a nosotros mismos nos cuesta tenerla.
Lo urgente tapa lo importante
Cuando emprendes, todo parece urgente: el lanzamiento, el cliente, el proveedor, la próxima ronda. Y en medio de esa urgencia es fácil dar por sentado a quien está a tu lado. No por falta de amor, sino por falta de pausa.
Por eso los gestos pequeños importan tanto. No reemplazan una buena conversación, pero la abren. Le dicen a la otra persona: te veo, sé que esto también es tuyo y gracias por quedarte.
¿Por qué flores?
Porque no resuelven nada práctico, y justamente ahí está su valor. Unas flores no pagan cuentas ni cierran ventas. Solo dicen que pensaste en esa persona sin que hubiera un motivo especial.
Y no son solo para ellas. Los hombres también valoramos, y mucho, que alguien llegue a casa con un ramo pensando en nosotros. Las flores no tienen género: tienen intención.
Además, transforman el espacio. Un ramo en la mesa cambia la luz de la casa, la forma en que se siente llegar después de un día largo. Y cuando el hogar se siente más vivo, la relación también respira distinto.
No hace falta un gran ramo ni una fecha especial. Puede ser un martes cualquiera, unas flores de la feria o del camino. Lo que cuenta es el gesto.
Emprender en compañía
Construir un proyecto es valioso. Construirlo sin descuidar a quien te acompaña es todavía mejor. El éxito que se celebra solo sabe a poco, y el que se comparte con quien estuvo en los días difíciles sabe a hogar.
Así que, si emprendes y tienes pareja, hazte un favor y hazle un favor a tu relación: regálale flores. Hoy, sin motivo. Porque este camino no lo estás haciendo solo ni sola.
